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El número muestra que cambió. La entrevista explica por qué.

Las métricas de experiencia dicen cuándo algo va mal. Solas, no dicen qué cambiar.

Un panel de NPS responde bien una pregunta: ¿la experiencia mejoró o empeoró? Para decidir qué cambiar en el producto, falta la otra mitad. Por qué se movió la nota.

NPS y churn, con quien puso la nota

En Turno, un marketplace que conecta a profesionales de limpieza con administradores de propiedades de alquiler temporario, implementé el seguimiento de NPS y churn, con reportes recurrentes y dashboards. Junto con los números, hice entrevistas con detractores.

Las entrevistas con detractores explicaron los cambios en las métricas y orientaron mejoras en el onboarding que redujeron el abandono.

Los reportes mostraban cuándo y cuánto cambiaba una métrica. Las entrevistas mostraban el motivo, y el motivo es lo que un equipo puede corregir.

Satisfacción ligada al uso

En Gameram, una app social donde gamers encuentran con quién jugar, la pregunta era otra: ¿la funcionalidad cumple lo que promete? Para responderla, relacioné el resultado de la funcionalidad con la satisfacción.

El 82% de quienes jugaron juntos estaba satisfecho, frente al 36% de quienes nunca interactuaron.

Un promedio general de satisfacción escondería esa diferencia. Separar a quienes usaron la funcionalidad de quienes no la usaron mostró dónde el producto entrega valor y dónde todavía no llega.

Lo que me llevo

  • Una métrica sin entrevistas es una alarma. Muestra que algo cambió, no qué hacer.
  • La recurrencia pesa más que el número del mes. Los reportes recurrentes muestran tendencias, no ruido.
  • Separar por comportamiento. La satisfacción de quienes usaron frente a la de quienes no usaron dice más que el promedio.

Número e historia, juntos. Así una métrica se convierte en decisión.

Algunos detalles se omitieron por confidencialidad.

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